De cómo Plinio el Viejo sintió una pareidolia y confundió la erupción del volcán Vesubio con un pino (I)

Enrique Santos Bueso
Hospital Clínico San Carlos. Madrid

«La superficie del volcán se fracturó poco después de mediodía permitiendo la descompresión explosiva del cuerpo principal del magma… La velocidad de salida del magma fue aproximadamente de 1.440 km/h (Macht 1). La convección empujó los gases incandescentes y la piedra pómez clástica a una altura de 28 km.
La energía térmica liberada durante la erupción del año 79 d.C. habría sido aproximadamente de 2x 1018 julios, es decir, unas 100.000 veces la de la bomba atómica de Hiroshima.»


Dynamics of Volcanism

Gayo Plinio Segundo -conocido como Plinio el Viejo- fue un militar romano del siglo I d.C. que ejerció diferentes cargos administrativos al servicio del emperador Vespasiano. Además del desarrollo de la carrera militar –llegó a ser prefecto de la flota romana en el puerto de Miseno- está considerado el gran naturalista de la antigüedad y escribió numerosas obras entre las que destaca su Historia Natural de la que se conservan treinta y siete volúmenes y está considerada la gran enciclopedia de referencia hasta el siglo XVII. En ella Plinio el Viejo abarcó el estudio de la botánica, mineralogía, medicina, geografía, cosmología y zoología entre otros campos.

Nacido en Como (Italia) en el año 23 d.C., falleció a los 56 años de edad el 25 de agosto del año 79 por la inhalación de los gases tóxicos y por el flujo piroclástico procedentes de la erupción del volcán Vesubio cuando intentaba rescatar a la familia de su amigo Pomponianio en Estabia –ciudad situada a seis kilómetros al sur de Pompeya y a tres kilómetros del mar- y observar el fenómeno eruptivo desde la bahía de Nápoles.

Su sobrino y ahijado Gayo Plinio Cecilio Segundo, conocido como Plinio el Joven, escribió 27 años después de la muerte de su tío una carta (Carta VI 16) al historiador Coernelio Tácito en la que describió con precisión la erupción del Vesubio por lo que en la vulcanología moderna se conoce a este tipo de fenómeno como erupción pliniana (figura 1) caracterizada por la gran violencia en la emisión de gases en forma de columna de varios kilómetros de altura con una gran copa en su extremo cuyo colapso produce un flujo piroclástico de alta temperatura, gran velocidad de avance y gran poder destructivo. Además de la descripción de la erupción del Vesubio Plinio el Joven también describe su experiencia personal de la erupción volcánica y cómo se salvó con su madre al no querer acompañar a su tío en su aventura por la bahía de Nápoles por preferir trabajar en su domicilio de Miseno (Carta VI 20).

Figura 1. Erupción volcánica del Vesubio con la bahía de Nápoles en primer plano en el año 1822 que simula un árbol de tronco fino y gran copa. Dibujo de 1864 del geólogo y vulcanólogo británico George Julius Scrope. Imagen de libre acceso.
Figura 1. Erupción volcánica del Vesubio con la bahía de Nápoles en primer plano en el año 1822 que simula un árbol de tronco fino y gran copa. Dibujo de 1864 del geólogo y vulcanólogo británico George Julius Scrope. Imagen de libre acceso.

Pareidolias

Derivada del griego eidolon (imagen o figura) y el prefijo para (semejante a o junto a) consiste en la percepción de una imagen o estímulo visual concreto al observar un estímulo vago e impreciso (figuras 2 y 3). Este fenómeno se utiliza en las exploraciones psicológica como con el test de Rorschach aunque ya ha perdido el significado patológico y es frecuente su visualización en la población normal. Plinio el Viejo sintió una pareidolia al percibir la forma de la erupción del Vesubio como un pino de tronco alto y esbelto y gran copa llena de ramas.

Figura 2. Pareidolia: Peña Buraca o canchal de los Dos Ojos que simula una cara humana situada en el municipio de Alcántara (Cáceres, Extremadura, España). Fotografía del autor.
Figura 2. Pareidolia: Peña Buraca o canchal de los Dos Ojos que simula una cara humana situada en el municipio de Alcántara (Cáceres, Extremadura, España). Fotografía del autor.
Figrua 3.- Pareidolia: cargador de dispositivos electrónicos que simula una cara sonriente situado en el metro de Madrid. Fotografía del autor.
Figrua 3.- Pareidolia: cargador de dispositivos electrónicos que simula una cara sonriente situado en el metro de Madrid. Fotografía del autor.

Carta de Plinio el joven a Cornelio Tácito en la que explica la pareidolia y el fallecimiento de su tío en la erupción del volcán Vesubio

Carta VI 16 C. PLINIO a su querido Tácito, salud

Me pides que te escriba sobre la muerte de mi tío materno para que puedas fiarla a la posteridad. Te lo agradezco, pues sé que, si tú rindes homenaje a su muerte, su gloria será imperecedera. En efecto, aunque mi tío falleció en un cataclismo que devastó las tierras más hermosas del orbe junto con poblaciones y ciudades enteras, accidente éste tan extraordinario que parece destinado a no olvidarse jamás y, aunque él, por su parte, nos legó un gran número de obras memorables, la inmortalidad de tus escritos ayudará no obstante a perpetuar su recuerdo.

Realmente, considero dichosos a aquellos a los que los dioses han concedido el don de culminar hazañas dignas de ser recogidas por escrito o de escribir obras dignas de ser leídas, pero mucho más dichosos considero a aquellos a los que me han concedido uno y otro don. Mi tío será uno de estos últimos gracias a sus obras y a las tuyas. Por este motivo emprendo muy gustosamente e incluso reclamo para mí la tarea que me encomiendas.

Se encontraba en Miseno y comandaba en persona la flota de esa región. El noveno día antes de las calendas de septiembre, en torno a la hora séptima, mi madre le señala la repentina aparición de una nube extraordinaria por su tamaño y su aspecto. Él, que había estado tumbado al sol, se había bañado en agua fría y había probado algún bocado reclinado sobre el lecho, se hallaba entonces trabajando. Pide sus sandalias y sube al lugar desde donde mejor se podía contemplar aquel rarísimo fenómeno.

Una nube crecía en lontananza. Desde tan lejos no podía saberse de qué montaña procedía. Únicamente más tarde se supo que era el Vesubio. El árbol que más puede asemejarse a su forma es el pino, ya que, después de elevarse sobre lo que podría describirse como un larguísimo tronco, se abría en su cima formando algo así como ramas. Creo que es debido a que la nube, después de ascender impulsada por el ímpetu de las emanaciones, al cesar éstas, carente ya de todo brío incluso vencida por su propio peso, se iba disipando mientras se extendía a lo ancho. En algunas partes era de un color blanco brillante. En otras, parecía oscura y cubierta de manchas, debido a la tierra y la ceniza que bullía en su seno.

A mi tío, un hombre de sublime erudición, le pareció un caso extraordinario que merecía ser estudiado más de cerca. Ordena entonces que preparen una nave ligera y me da licencia para acompañarlo si es mi deseo. Le contesté que prefería seguir trabajando, pues casualmente él mismo me había propuesto la tarea de escribir sobre cierto tema. Cuando ya estaba cruzando el portón, recibe una carta de Rectina, la mujer de Casco; aterrada por el peligro que se cernía sobre ella, pues su villa se encontraba a los pies del Vesubio y únicamente podía huir en barco, le suplicaba que la librase de tan fieros peligros. Toma entonces una nueva resolución y lo había comenzado a hacer por amor al conocimiento lo emprende con todas las fuerzas de su corazón. Ordena que al punto zarpen los cuatrirremes, y también él embarca con el propósito de socorrer no sólo a Rectina, sino a muchos otros, pues, debido a la hermosura de la costa, la población era allí abundante. Se dirige con presteza al lugar del que otros huyen y no varía el rumbo ni tuerce el timón de la nave, que se adentra en las fauces del peligro. Se encontraba tan libre de miedo que, mientras observaba aquella terrible visión, dictaba a un sirviente o anotaba él mismo sus movimientos y la variedad de formas que adoptaba.

Llovía ya ceniza sobre las naves y a medida que avanzaban se tornaba más caliente y más espesa. Caían ya piedras volcánicasy rocas renegridas, quemadas y hendidas por el fuego. Ya los bajíos que se habían formado de pronto y las peñas que se desprendían de la montaña les impedían arribar a la costa. Por un instante duda y se pregunta si conviene retroceder, como aconseja el timonel. Entonces le dice: «La fortuna ampara a los valientes. Toma el rumbo a la villa de Pomponiano». Ésta se hallaba en Estabia, al otro lado del golfo, pues en aquel lugar la costa se repliegue y se curva de modo que el mar penetra dentro de ella. Aunque la zona se encontraba aún lejos del peligro, éste estaba a la vista e iba creciendo a medida que se aproximaban. Por ello, Pomponiano había cargado sus pertenencias en unos barcos, resuelto a huir tan pronto como amainasen los vientos contrarios. Éstos son muy favorables a mi tío, que llega, abraza a su querido Pomponiano, que estaba estremecido de miedo, lo consuela, le infunde ánimos y, para que su propia serenidad aplaque los temores de su amigo, ordena que lo lleven a la sala de baños. Después de bañarse, llega a la cena de excelente humor o, lo que es igualmente digno de elogio, aparenta estar de excelente humor.

Mientras tanto, refulgían en el monte Vesubio altísimas llamas y vastas columnas de fuego que se elevaban por doquier, cuyo fulgor y claridad y acentuaban las tinieblas de la noche. Para templar los ánimos, mi tío insistía en que se trataba de fuegos que los campesinos habían dejado encendidos en su huida y villas abandonadas. Más tarde, se acostó y descansó muy plácidamente, pues aquellos que pasaban por delante de la puerta de su alcoba podían oír su profunda respiración, que, por ser corpulento, era bastante grave y sonora. Pero, pasado un tiempo, el patio por que se llegaba a su dormitorio se encontraba tan cubierto por una masa informe de cenizas y rocas volcánicas que, si mi tío hubiese permanecido más tiempo dentro de su alcoba, no habría sido capaz de salir de ella. Así pues, tan pronto como lo despertaron, se reunió con Pomponiano y los que no habían llegado a acostarse. Entre todos se deliberó si era preferible permanecer bajo techo o salir a cielo abierto, pues los edificios trepidaban a causa de continuos y violentos temblores de tierra y parecían desplazarse hacia uno y otro lado una y otra vez, como si hubieran sido arrancados de sus cimientos. Por el contrario, al descubierto estarían a merced de las rocas volcánicas que caían de lo alto, pero, dado que éstas eran ligeras y porosas, se acordó adoptar esta opción por ser menos arriesgada. Si en el caso de mi tío fueron unas razones las que prevalecieron sobre otras, en los demás lo que prevaleció fue un temor sobre otro. Entonces se sujetaron con tiras de tela almohadas sobre sus cabezas. Ésa fue su única protección contra todo lo que caía del cielo.

En otras regiones ya había amanecido, pero allí perduraba una noche tan oscura y espesa como no se vio jamás, sólo atenuada por el fulgor de las antorchas y resplandores de todo tipo. Resolvieron acercarse a la costa y comprobar desde allí si el mar permitía ya la salida de naves, pero éste continuaba alborotado y embravecido. Mi tío se tendió allí mismo sobre un trozo de tela y pedía agua fresca, una y otra vez, que apura con afán. Poco más tarde, las llamas y el olor a azufre, que anunciaba la proximidad del fuego, hacen huir a todos los demás y a él le infunden un nuevo vigor. Entonces, apoyando sobre dos fieles esclavos, se puso en pie, pero cayó inmediatamente al suelo. Creo que fue debido a que la densa humareda le impedía tomar aire y le constreñía la garganta, que por naturaleza era delicada y estrecha y se le inflamaba con frecuencia. Cuando amaneció un nuevo día, dos días después de que mi tío hubiese contemplado el sol por última vez, encontraron su cuerpo intacto, sin una sola herida y vestido con la misma ropa. Su aspecto era el de un hombre dormido más que el de un muerto.

Mientras tanto, en Miseno, mi madre y yo… Pero esto se aparta de mi historia y tú sólo querías conocer los pormenores de la muerte de mi tío. Así pues, daré aquí fin a mi carta. Tan solo quiero añadir que te he descrito con detalle los eventos que yo mismo presencié y aquellos que me relataron inmediatamente después de los sucesos, cuando los recuerdos son más veraces. Ahora deberás elaborar tu propio resumen de todo esto, pues una cosa es una carta y otra una obra histórica. Una cosa es tener por lector a un amigo y otra tener por lector al mundo entero.

Saludos.

Vagabundeando y leyendo por Italia y Extremadura. Septiembre de 2024.

Enrique Santos Bueso   esbueso@hotmail.com

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