225 años de la llegada de Alexander von Humboldt a España (II): de La Coruña a la proximidad de las islas Canarias

Descubre la travesía de Alexander von Humboldt en 1799: desde su salida de La Coruña hasta su llegada a Tenerife. Un viaje de ciencia, peligros y descubrimientos.

Enrique Santos Bueso
Hospital Clínico San Carlos. Madrid

El 5 de junio de 1799 Alexander von Humboldt y su amigo y compañero de viaje Aimé Bonpland se embarcaban en la fragata Pizarro en el puerto de La Coruña rumbo a la rada de Santa Cruz de Tenerife donde pasarían una semana visitando la isla y ascendiendo al Pico del Teide. Durante la travesía de trece días el botánico prusiano realizó numerosas observaciones y mediciones de los fenómenos de la naturaleza fruto de su inmensa e infatigable curiosidad científica.

Revisamos los detalles de esta emocionante travesía basándonos en su libro Viaje a las Regiones Equinociales del Nuevo Continente de la editorial venezolana Monte Ávila según la traducción de 1941-1942 de Lisandro Alvarado, Eduardo Röhl y José Nucete-Sardi de la edición francesa original de 1816 de trece volúmenes que fue copiada íntegramente de la edición original. Se trata por tanto de la traducción de la obra original de Humboldt.

La relación del viaje a las islas Canarias no es un cuaderno de Bitácora realizado día a día con las observaciones científicas y reflexiones registradas. Su libro escrito en Europa varios años después de finalizar el periplo por el continente Americano rememora este viaje y va describiendo sus vívidos recuerdos sin seguir una cronología exacta. El autor va incluyendo e intercalando numerosas reflexiones de los fenómenos naturales similares observados y registrados en otros tiempos y en otras partes del mundo.

El texto en cursiva constituye la transcripción literal de la obra de Humboldt e incluimos notas aclaratorias entre paréntesis así como mapas (Google Maps) con el recorrido de la travesía y la localización geográfica exacta con las coordenadas referidas por el polímata prusiano.

5 DE JUNIO DE 1799

A las dos de la tarde iba a la vela el Pizarro. El canal por el que se navega para salir del puerto de La Coruña es largo y estrecho: como el paso se abre hacia el norte y el viento nos era contrario tuvimos que correr ocho bordadas pequeñas, de las que tres eran más o menos perdidas. Una virada de bordo no se hizo sino con suma lentitud, y por algunos instantes anduvimos en peligro al pie del fuerte de San Amaro, habiéndonos llevado la corriente muy cerca de los escollos en que el mar se estrella con violencia. Miramos con insistencia el castillo de San Antonio, donde, en una prisión de estado gemía el infortunado Malaspina. En el momento de separarme de Europa para visitar países que este ilustre viajero había recorrido con tantos resultados, hubiera deseado dirigir mi pensamiento a un objeto menos entristecedor.

A las seis y media pasamos la Torre de Hércules, que es el faro de La Coruña sobre el cual, desde los más remotos tiempos, se mantiene un fuego de carbón de tierra para dirigir los bajeles. La claridad de este fuego no corresponde a la hermosa construcción de tan vasto edificio: es tan tenue, que los barcos no la perciben sino cuando ya se hallan en peligro de naufragar en la costa.

(Alejandro Malaspina fue un noble y marino italiano al servicio de España que realizó el gran viaje de la era ilustrada conocido como la Expedición Malaspina. Fue condenado a diez años de prisión en el castillo de San Antón de La Coruña por conspirar contra Godoy).

Hacia la venida de la noche se hizo la mar muy fuerte y el viento arreció mucho. Hicimos rumbo al noreste para evitar topar con las fragatas inglesas que se suponían cruzaban estos parajes.

Hacia las nueve vimos la luz de una cabaña de pescadores de Sisargas: era el último objeto que nos presentaban las costas de Europa. A medida que nos alejábamos, esta débil luz se confundía con las estrellas que se alzaban sobre el horizonte, y nuestras miradas se quedaban involuntariamente vueltas a ella…
Nos vimos obligados a navegar con vela baja. Corrimos diez nudos aunque la construcción de la corbeta no fuese ventajosa para la marcha.

(Islas Sisargas: pequeño archipiélago situado en la Costa de la Muerte frente a Malpica de Bergantiños en Galicia. Formado por tres islas –Sisarga Grande, Sisarga Chica y Malante– e islotes circundantes como Xoceiro y Chalreu).

6 DE JUNIO DE 1799

Por la mañana se hizo tan intenso el balanceo que rompió el palo menor de juanete, accidente que no tuvo consecuencia alguna lamentable.

7 DE JUNIO DE 1799

Cortamos el paralelo del cabo Finisterre. El grupo de rocas graníticas al que pertenece este promontorio, lo mismo que el de Torianes y el Monte de Corcubión, lleva el nombre de Sierra de Toriñana. El cabo de Finisterre es más bajo que las tierras cercanas; mas la Toriñana es visible en alta mar a 17 leguas de distancia, lo que prueba que la elevación de sus más altas cumbres no es menor de 300 toesas (582 m.)

(Toesa: antigua medida francesa de longitud equivalente a 1,946 metros.
Legua: antigua medida relativa a la distancia que una persona puede caminar durante una hora y que según la zona oscila entre los 4 y los 7 km).

8 DE JUNIO DE 1799

Al ponerse el sol, señalaron de lo alto de los mástiles un convoy inglés que seguía la costa hacia el Sureste. Para evitarlo hicimos una falsa derrota durante la noche. Desde ese momento no se nos permitió tener luz en el camarote mayor, por temor de ser percibido de lejos. Esta precaución… nos causó un mortal fastidio en las travesías que hicimos durante cinco años consecutivos. Constantemente se nos obligó a servirnos de linternas sordas para examinar la temperatura del agua del mar o para leer la división del limbo de los instrumentos astronómicos.

9 DE JUNIO DE 1799

A la sazón que nos encontrábamos por los 39o 50´de latitud, comenzamos a sentir el efecto de la gran corriente que de las islas Azores se dirige al estrecho de Gibraltar y a las islas Canarias…

11 DE JUNIO DE 1799

Desde nuestra partida de La Coruña hasta los 36o de latitud no habíamos percibido casi ningún ser organizado, a excepción de las golondrinas de mar y de algunos delfines. En vano aguardábamos ver fucos y moluscos. Nos sorprendió un espectáculo curioso, que después se nos repitió a menudo en el mar del Sur. Entramos en una zona donde todo el mar estaba cubierto de una prodigiosa cantidad de medusas. El bajel estaba casi en calma pero los moluscos se dirigían al Sureste con una rapidez cuádruple de la que tenía la corriente, habiendo durado su paso cerca de tres cuartos de hora. A poco ya no vimos sino algunos individuos regados, que seguían la muchedumbre como si estuvieran cansados del viaje…

13 DE JUNIO DE 1799

A más de 80 leguas de distancia pasamos el Cabo de San Vicente, que es de formación basáltica. Se deja de verlo distintamente cuando está a más de 15 leguas de lejos; pero la montaña granítica llamada la Foya de Monchique, situada cerca del cabo, se distingue sobre el mar a 26 leguas, según pretenden los pilotos. De ser exacta esta aserción, la Foya tiene una elevación de 700 toesas (1363 m.) y por consiguiente 116 toesas (225 m.) más alta que el Vesubio. Sorprende que el gobierno portugués no mantenga fuego en un paraje que debe ser reconocido por todos los bajeles que vienen del cabo de Buena Esperanza o del cabo de Hornos. Es el objeto cuya vista aguardan con más impaciencia.

Cuando el mar está perfectamente en calma, aparecen en su superficie fajas estrechas, parecidas a arroyuelos, en las que las aguas corren con un ruido muy sensible al oído de un piloto experimentado… 34° 36’ de latitud boreal, nos hallábamos en medio de un gran número de estos cauces de corrientes.

DEL 13 AL 14 DE JUNIO DE 1799

Cuando estuvimos entre la isla de Madera y las costas de África hubo brisas flojas y calmas chichas, muy favorables para las observaciones magnéticas de que me ocupaba en esta travesía. No llegábamos a cansarnos de admirar la hermosura de las noches: nada compite con la transparencia y la serenidad del cielo africano. Nos admiró la prodigiosa cantidad de estrellas fugaces que caían a cada instante. Mientras más al Sur avanzábamos, más frecuente se hacía este fenómeno, sobre todo cerca de las islas Canarias.

No vimos en nuestra navegación ni las islas Desiertas ni la de la Madera.

Hubiera deseado poder verificar la longitud de estas islas y tomar los ángulos de altura de las montañas volcánicas que se elevan al Norte de Funchal… Las pequeñas islas Desiertas y el Salvaje… no alcanzan las 200 toesas de altura perpendicular. Pienso que es útil llamar la atención de los navegantes sobre estas determinaciones, pues según un método acerca del cual ofrece varios ejemplos esta relación… se puede, según ángulos de altura tomados con buenos instrumentos de reflexión, conocer con suficiente precisión la distancia a que se encuentra el bajel de un cabo o de una isla erizada de montañas.
(Islas Desiertas: conjunto de tres islas deshabitadas al sureste del archipiélago de Madeira denominadas Ilhéu Chão, Deserta Grande y Bugio.

Islas Salvajes: archipiélago deshabitado situado a 165 km. de Canarias y 280 km. de Madeira que constituye una reserva natural y está formado por varias islas entre las que destacan Salvaje Grande, Salvaje Pequeña e Ilhéu de Fora).
Hallándonos a 40 leguas (193,12 km) al Este de la isla de Madera, vino a posarse una golondrina sobre la gavia. Tan fatigada estaba, que se dejó coger fácilmente. Era la golondrina de las chimeneas. ¿Qué pudo inducir a un pájaro, en esta estación y en tiempo de calma, a volar tan lejos?

15 DE JUNIO DE 1799

Por la mañana, por los 34° 33’ de latitud, vimos todavía pasar grandes amontonamientos de este último molusco, estando el mar perfectamente tranquilo. Durante la noche observamos que de las tres especies de medusas que habíamos recogido ninguna difundía fulgor sino en el momento de un ligerísimo choque.

La Pizarro tenía órdenes de tocar en la isla de Lanzarote, una de las siete Grandes Canarias, para informarse de si los ingleses bloqueaban la rada de Santa Cruz de Tenerife. Había inquietud acerca de la ruta que había de seguirse. Los pilotos, para quienes el uso de los relojes marinos no era muy familiar, habían mostrado hasta entonces poca confianza en la longitud que bastante regularmente obtenía dos veces por día, mediante el transporte del tiempo, tomando ángulos horarios mañana y tarde.

Vacilaron en gobernar al Sureste por miedo de atacar el cabo Num, o por lo menos dejar la isla de Lanzarote al Oeste.

(Cabo de Num: también denominado cabo Chaunar, Nun, Nant o Não está localizado en la costa atlántica de África y era considerado insuperable por los navegantes, de ahí el nombre portugués de Não: «Quem passar o Cabo de Não, ou tornará ou não» «Quien pase el cabo de Não, o volverá o no»).

Vagabundeando y siguiendo la huella de Humboldt en la isla de La Graciosa. Caleta del Sebo, octubre de 2025.

Enrique Santos Bueso
esbueso@hotmail.com

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