In Memoriam: Dr. Pablo Zaragoza García

Un hombre bueno y peculiar

Conocí al Dr. Pablo Zaragoza García durante el periodo de mi formación en el quehacer oftalmológico, en el Servicio de Oftalmología del Hospital Clínico Universitario de San Carlos dirigido, entonces, por el Prof. Julián García Sánchez.

El Dr. Zaragoza nació en Madrid, en las cercanías de la Facultad de Medicina de San Carlos, actualmente el Centro de Arte Reina Sofía. Su admiración por las figuras médicas de la época la manifestaba tanto con gestos como en palabras.
La consulta de la sección de Órbita y Anejos Oculares tenía un pausado ritmo, escuchaba a los enfermos, dirigía el interrogatorio, exploraba con delicadeza y redactaba la historia clínica con legible y buena letra. Al revisar los enfermos operados desplegaba todo su miramiento y cautela, sobre todo, al levantar los apósitos diciendo «pensar en los puntos» siendo un fan y entusiasta del «Linitul».

Conocía bien el edificio del hospital, tanto su parte noble como sus «tripas». Era buen conocedor del personal sanitario y no sanitario y, aunque era consciente del grado de su autoestima, sin embargo, su trato era amable y cercano, más todavía con el personal subalterno. Le acompañaba en su recorrido por los distintos servicios del hospital y más concretamente por los de neurocirugía y otorrinolaringología. Tenía personal seleccionado para cada tema y cuestión.

Decía Sofía Zaragoza Casares, ojo derecho de su padre, «Fathi es el invitado de los martes». Prácticamente todos los martes, tarde-noche, iba a su casa. Allí degustaba una deliciosa cena preparada por su esposa «Nori», gallega de principios y con carácter, que hace honor a la gastronomía de su tierra. Un martes, mientras cenábamos, hice un comentario, pues estaba preparando un esquema-guía para recorrer el Camino de Santiago, en coche, dado que las dos niñas eran todavía pequeñas. Él seguía cenando sin mirarme a la cara. Al siguiente martes un tocho de libro-guía del Camino de Santiago estaba esperándome sobre la mesa.

Terminada la cena, y según la proximidad de los compromisos, iniciábamos la tarea de preparar las comunicaciones, los artículos, las charlas sobre órbita y anejos oculares, ordenar y clasificar la ingente cantidad de diapositivas que tenía. No es de extrañar dado que el fotógrafo del hospital era como un residente más en el quirófano, tanto para documentar una cirugía como para completar un tiempo quirúrgico que faltaba en alguna serie de diapositivas. Cuando me tocaba dar alguna comunicación, ésta tenía que estar preparada 10-12 días antes y en una habitación, sin ventanas, contigua a la cocina nos encerrábamos y allí tenía que exponer el tema. Me corregía contenido y formato, incluso, el orden de los esquemas y diapositiva.

Me acuerdo que en los Seminarios del 3º jueves, en el Aula del Prof. Fernández Cruz, me tocaba hablar de casos clínicos de rabdomiosarcoma. El Dr. Juan Laiseca Negro (padre) hizo su oportuno comentario y a mí me tocó el turno de réplica. Finalizada la reunión, y en un sitio apartado, el Dr. Zaragoza me reprochó la vehemencia de mi contestación y me sugirió que debería tener en cuenta a la persona que tengo en frente. ¡! Cosas de un joven al que la especialidad le subió a la cabeza!!.

Le acompañé al LX Congreso de la SEO, en León, en 1984, del 16-20 de septiembre y al terminar la jornada fuimos en su monovolumen VW hacia el oeste, hacia Galicia. Pernoctamos en su casa, «es la casa de Nori», en Laroco, comarca de Valdeorras. Por la mañana me enseñó sus viñedos, de la variedad Godello, autóctona de Valdeorras. En la entrevista con el enólogo me llamaron la atención los conocimientos que el Dr. Zaragoza tenía respecto a la uva y al vino: pH de la pulpa, grado de acidez, niveles de azucares, refractómetro, cata de uva, el sabor de masticar las semillas, aroma, cuerpo…. Le pedí una muestra del vino Godello, pues un vecino en mi comunidad era catador de vinos y quesos, el Sr. Martín, que además tenía «Alma de poeta», pues en un folio y medio dejaba escrito, y en prosa, su juicio sobre dicha muestra, que causó satisfacción y agrado en Don Pablo.

Le estoy muy agradecido por lo que me enseñó, ayudó y por darme la oportunidad de colaborar en sus publicaciones. Cuando la SEO le encargó la LXX Ponencia Oficial, «Cirugía Básica de Anejos Oculares», que fue publicada en 1996, las labores se intensificaron, y los martes se ampliaron.
En el prólogo el propio Pablo escribe: «Los participantes en una ponencia quedan tan unidos, y para siembre, que no es necesario recurrir al rito de cambio de sangre ».

La ausencia de «Nori» en este mundo terrenal fue un antes y un después para todos.

Que Dios les tenga en Su Gloria.

Fathi Diab Haggi
Expresidente consejero.
Grupo de Historia y Humanidades en Oftalmología de la SEO.

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