El lenguaje multiusos (Esperpento)

Aguda reflexión sobre la peligrosa generalización de uso de algunas palabras

La sociedad en su conjunto, y cada vez más ciudadanos, sobre todo con trascendencia pública, están acometiendo una simplificación de ese rico lenguaje que es el castellano, posiblemente más por desconocimiento de las palabras adecuadas que por comodidad de uso. Se registra de esta forma una proliferación de los conocidos términos MULTIUSOS, en los que posa su mirada crítica nuestro colaborador en esta ocasión. ¿A que les suena la generalización que se registra tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales o en la vida pública de palabras como «VULNERABLE», «PONER EN VALOR» o «SUPER»?

Ramón Castro Inclán

Es evidente que los idiomas se van adaptando a los usos que de los mismos hacemos los usuarios. Las Academias van incorporando nuevas adquisiciones en función de novedades tecnológicas, descubrimientos y/o aportaciones de todo tipo asociadas al progreso humano, que requieren la actualización de este para que la comunicación entre personas les permita entender a qué se refieren en cada ocasión.

Un ejemplo muy interesante surgido recientemente es la progresiva incorporación de «nuevas palabras» o la reintroducción de nuevas aplicaciones de palabras ya existentes, que han supuesto un motivo extraordinario de facilitarnos a todos mediante la incorporación de palabras o frases multiuso, evitándonos tener que «rebuscar» terminología precisa para cada ocasión cuando, simplemente el contexto es más que suficiente para «entender» que queremos expresar con ella.

Tradicionalmente los artífices de las novedades idiomáticas eran, además del pueblo llano, nuestros escritores que incorporaban a sus novelas palabras y/o expresiones que el pueblo utilizaba habitualmente y ese camino era seguido por las Academias de la Lengua para enriquecer el idioma; naturalmente, eso suponía que nuestros diccionarios han ido adquiriendo tamaños inabarcables, incluso para las personas cultas. En las últimas décadas, de un modo «natural», se ha ido evolucionando hacia la «simplificación», tratando de evitar la necesidad de utilizar cientos de palabras para expresar cada idea, cuando se ha comprobado que con una sola se puede incluir «numerosísimas acepciones» que los que escuchan o leen está perfectamente capacitados para comprender cuál es la adecuada para cada situación. Como no podía ser de otro modo, alcaldes, concejales, diputados, senadores ministros, etc., que tratan de hacer comprender al «pueblo llano» sus programas de gobierno, fueron los primeros, junto a los jóvenes, en buscar utilidad a esta nueva forma de comunicarse.

1.er caso: VULNERABLE

Un ejemplo muy evidente, por el éxito que ha tenido la palabra, es VULNERABLE. Así, sin pensar demasiado, somos conscientes de que abarca tanto que necesitaríamos varias páginas para enumerar sus «eternas» posibilidades por lo que me limitaré a mencionar únicamente las que he tenido oportunidad de escuchar estos últimos días. La he oído refiriéndose a: cojos, mancos, paralíticos, ancianos, pobres, indigentes, sordos, mudos, niños con gafas, sordomudos, subnormales, vagabundos, invidentes, mayores que viven solos, migrantes, tartamudos, drogadictos, etc. No pongo más ejemplos pues el lector lo habrá oído quizá al menos tantas veces como yo. Esto nos libera, al menos de momento, de tener que utilizar una denominación concreta a cada persona que se podría sentir ofendida al verse incluida en el grupo de los que se supone «que tienen un defecto determinado» y se ven adscritos a un grupo con determinada incapacidad.

La posibilidad de tratarlo como «vulnerable» simplemente evita, al que escucha esa expresión, sentirse discriminado pues no estamos señalando puntualmente el defecto que sufre; en realidad, lo pasamos al numerosísimo grupo de personas que están señaladas con una denominación específica y lo eliminamos del que reúne a un número escaso de individuos «diferentes».

2.º caso: PONER EN VALOR

No se queda atrás PONER EN VALOR. Recientemente, con motivo de una conferencia sobre alimentación saludable, la política que hacía la presentación del conferenciante, lo repitió alrededor de 12 veces en 15 minutos, refiriéndose tanto al sabor como al tipo de alimentos, aceites, productos de temporada, sal, vino, edulcorantes y no sé cuántas cosas más. Visitando las ruinas romanas de Córdoba, al lado del Ayuntamiento, me pareció que habían sido restauradas, y por eso me llevé una gran sorpresa al leer un enorme letrero en el que se dejaba muy claro que en realidad lo que habían hecho era simplemente «Ponerlas en valor». Según parece, el término es también aplicable a la climatología pues el Cabildo de las islas ha anunciado recientemente que ¿han «Puesto en valor» el clima de Canarias?; supongo que habrán contratado a un grupo de meteorólogos para que lo expliquen. El último entrenador de la Selección Española de Fútbol también, según la prensa deportiva, ha «Puesto en valor» al equipo, seguramente (esta es opinión propia) explicándoles que el objetivo es tratar de meter más balones dentro de la portería contraria que los recibidos en la propia.

Otro ejemplo más: en Madrid, a lo largo de los últimos años, se están «poniendo en valor» las fachadas de la mayoría de los edificios de la capital, hasta el punto que probablemente no hay una sola calle en la que no haya varias casas con unos hermosos andamios acometiendo la labor y ocupando la mitad de la acera; simultáneamente, se están «poniendo en valor» asimismo las acometidas de agua y luz, ocupando la parte de acera que dejan libre las obras. Claro, los minusválidos, hasta ahora encantados con su nueva denominación -ahora son «vulnerables»- se sienten discriminados al no poder desplazarse por unas aceras llenas de obstáculos.

n las últimas décadas, de un modo «natural», se ha ido evolucionando hacia la «simplificación», tratando de evitar la necesidad de utilizar cientos de palabras para expresar cada idea, cuando se ha comprobado que con una sola se puede incluir «numerosísimas acepciones»

3.er caso: SUPER

No podemos olvidarnos de la palabra SUPER. Creo que todos estaremos de acuerdo en que hoy es «materialmente imposible» poner cualquier programa de radio o televisión en el que no se escuche varias veces algo «super», tanto por parte de los presentadores como de los propios invitados. Te hacen ser consciente de su utilización hasta «sin venir a cuento», como si el que habla lo hace para que quede claro que lo desea utilizar, como los toreros, «cargando la suerte». Es evidente que su uso nos evita tener que estar preocupado de utilizar el aumentativo adecuado, evitándose así «meter la pata», por empleo de uno que, como diría un castizo, «no viene a cuento». Su uso nos puede servir también para bloquear a nuestro interlocutor «agazapado» para responder con el consabido «Eso no, lo siguiente», lo que nos permite «chafarle» la esperada respuesta. La inclusión de este ¿Prefijo? a casi cualquier palabra del diccionario, en mi opinión se ha convertido en el mayor éxito desde que existe el idioma castellano. Y lo más probable es que su utilización vaya todavía en aumento en décadas o quizá siglos para regocijo de todos aquellos que desean fervientemente que el incremento de palabras multiusos (prefijos en este caso) favorezcan que cualquiera pueda utilizar con soltura el castellano sin tener que perder el tiempo en aprender a aplicar montones de reglas que no sirven para mejorar la comunicación más que a cuatro o cinco inútiles que no saben utilizar su tiempo libre para disfrutar de la vida, en lugar de gastarlo en disfrutar de una sencilla y agradable conversación, libre de los obstáculos de las normas.
Estas y otras novedades, que han venido para quedarse y darle más fluidez a nuestro lenguaje, probablemente no han sido adecuadamente valoradas. Tendrán que pasar decenios, o quizá siglos, hasta que seamos conscientes de que, si seguimos este camino, seremos capaces de lograr que nuestro diccionario de la lengua haya reducido tanto el número de palabras que será suficiente una edición de bolsillo para incluir todo lo necesario para hacer el «uso correcto» de nuestra lengua. Eliminaremos así todos los términos que únicamente aportan complejidad a nuestra relación con otras personas, especialmente con los extranjeros, que con esta evolución vendrán a visitarnos con el idioma dominado. Este avance va a suponer, como valor añadido (perdón, quise decir supervalor), un beneficio para la que, no lo olvidemos, es una de las fuentes de ingresos que suponen un alivio especial para nuestra economía.

Conclusión

No dejen de usar adecuadamente las palabras MULTIUSOS. Según los «Expertos, democráticamente elegidos», serán Vds., mucho más felices y sus hijos, nietos, etc., les agradecerán esta importante «puesta en valor» idiomática.

¿Quieres conocer las últimas noticias y no perderte nada?

Al suscribirte, confirmas que has leído y aceptas nuestra política de privacidad